Aprendizaje adaptativo: la nueva era del E-learning
12 de septiembre de 2026

Durante mucho tiempo, hablar de educación virtual significaba hablar de plataformas, videos, cuestionarios y contenidos disponibles desde cualquier lugar.

Hoy la conversación está cambiando.

El reto ya no es solamente conseguir que una persona pueda entrar a un curso. Tampoco basta con ofrecerle una gran cantidad de contenidos. La verdadera pregunta es otra:

¿Qué experiencia necesita cada estudiante para aprender realmente?

Porque dos personas pueden entrar al mismo curso, tener acceso al mismo contenido y enfrentarse exactamente al mismo cuestionario, pero no necesariamente necesitarán lo mismo para aprender.

Una puede llegar con conocimientos previos y necesitar un reto. Otra puede necesitar una explicación antes de avanzar. Una tercera puede comprender un concepto rápidamente, pero requerir práctica para aprender a aplicarlo.

Y ahí aparece uno de los grandes desafíos del e-learning actual: dejar atrás la idea de que un mismo recorrido funciona para todos.

Personalizar no significa crear un curso diferente para cada persona

Cuando hablamos de aprendizaje personalizado, es fácil imaginar un escenario en el que una plataforma crea un curso completamente distinto para cada estudiante.

No tiene por qué ser así.

La personalización puede comenzar con algo mucho más sencillo: permitir que el contenido, el nivel de dificultad, las actividades, el ritmo o incluso la ruta de aprendizaje respondan a las necesidades de quien está aprendiendo.

La investigación reciente sobre e-learning adaptativo apunta precisamente en esa dirección. Un estudio publicado en 2026 analizó un entorno de aprendizaje adaptativo que consideraba tanto los estilos de aprendizaje como el nivel de conocimiento previo. Sus resultados encontraron que personalizar el contenido según los llamados estilos de aprendizaje no produjo un efecto evidente sobre el desarrollo metacognitivo, mientras que el conocimiento previo sí tuvo una influencia significativa (1).

Esto plantea un cambio importante en la manera de diseñar cursos virtuales.

En lugar de preguntarnos:

“¿Esta persona es visual, auditiva o kinestésica?”

podríamos empezar a preguntarnos:

“¿Qué sabe ya?, ¿qué necesita aprender?, ¿qué dificultad está teniendo y qué experiencia puede ayudarla a avanzar?”

Es una diferencia pequeña en apariencia, pero enorme desde el punto de vista del diseño instruccional.

El problema de los “estilos de aprendizaje”

Durante años se popularizó la idea de que algunas personas aprendían mejor viendo, otras escuchando y otras haciendo.

Estos conceptos pueden ser útiles para recordarnos que existen diferentes maneras de presentar un contenido, pero convertirlos en etiquetas rígidas para clasificar estudiantes es mucho más discutible.

La investigación reciente refuerza esta precaución: el estudio publicado en Frontiers in Education en 2026 no encontró un efecto claro de adaptar los contenidos específicamente a los estilos de aprendizaje, mientras que el nivel de conocimiento previo sí mostró una relación importante con el desarrollo de habilidades metacognitivas (1).

Por eso, el futuro de la personalización no debería consistir en encasillar al estudiante.

Debería consistir en conocerlo mejor durante el proceso de aprendizaje.

Una persona no necesariamente necesita siempre el mismo tipo de recurso. Puede necesitar un video para comprender un concepto nuevo, un texto para profundizarlo y una simulación para aprender a aplicarlo.

La experiencia cambia porque la necesidad de aprendizaje también cambia.

Del contenido único a las experiencias de aprendizaje

Imaginemos un curso virtual sobre servicio al cliente.

En un modelo tradicional, todos reciben:

Video → lectura → cuestionario → certificado.

Pero pensemos en lo que podría suceder si el curso fuera diseñado alrededor de diferentes necesidades.

Un estudiante que nunca ha trabajado en atención al cliente podría comenzar con conceptos básicos, ejemplos y situaciones sencillas.

Otro que ya tiene experiencia podría realizar una evaluación inicial y pasar directamente a casos más complejos.

Y alguien que tenga buenos conocimientos teóricos, pero dificultades para manejar situaciones reales, podría necesitar menos contenido explicativo y más escenarios de práctica.

El contenido sigue teniendo los mismos objetivos.

Lo que cambia es la experiencia para llegar a ellos.

Esta es precisamente una de las posibilidades de los sistemas de e-learning adaptativo: organizar contenidos y evaluaciones como objetos modulares que pueden combinarse para construir diferentes rutas de aprendizaje y ajustarse a las necesidades que aparecen durante el proceso (2).

Cinco formas de construir contenidos más personalizados

Personalizar no significa crear infinitas versiones de un curso.

Significa diseñar piezas de aprendizaje que puedan combinarse de diferentes maneras.

  1. Para quien necesita comprender

Hay estudiantes que necesitan primero construir una base conceptual.

Para ellos funcionan bien:

  • Explicaciones breves.
  • Lecturas.
  • Infografías.
  • Definiciones.
  • Ejemplos sencillos.
  • Mapas conceptuales.

La clave está en evitar que el contenido sea más extenso de lo necesario.

Si una persona ya domina el concepto, obligarla a recorrer nuevamente veinte minutos de explicación puede convertirse en una barrera más que en una ayuda.

  1. Para quien necesita observar

Hay conceptos que se entienden mucho mejor cuando podemos ver cómo se aplican.

Aquí entran:

  • Videos demostrativos.
  • Animaciones.
  • Casos explicados.
  • Demostraciones de procedimientos.
  • Comparaciones entre situaciones correctas e incorrectas.

Por ejemplo, en un curso de capacitación empresarial no basta con explicar qué es una buena atención al cliente. También podemos mostrar una conversación y analizar qué ocurrió en cada momento.

  1. Para quien necesita practicar

Hay conocimientos que solamente se consolidan cuando hacemos algo con ellos.

Por eso un curso virtual puede incorporar:

  • Ejercicios.
  • Simulaciones.
  • Laboratorios virtuales.
  • Casos prácticos.
  • Actividades interactivas.
  • Resolución de problemas.

La persona deja de ser espectadora y empieza a tomar decisiones.

  1. Para quien necesita resolver

Aquí el aprendizaje puede convertirse en un desafío.

En lugar de preguntar:

“¿Qué es una buena práctica de servicio?”

podemos plantear:

“Estás frente a esta situación. ¿Qué harías primero?”

La diferencia es importante.

El estudiante ya no solamente recuerda información. Tiene que interpretarla, tomar una decisión y enfrentarse a las consecuencias de esa decisión.

  1. Para quien necesita retroalimentación

Aprender también implica saber si vamos por buen camino.

Por eso una experiencia personalizada debería ofrecer retroalimentación que ayude a responder preguntas como:

  • ¿Qué hice bien?
  • ¿En qué me equivoqué?
  • ¿Qué debería revisar?
  • ¿Estoy listo para avanzar?

La evaluación deja entonces de ser solamente el final del curso y comienza a convertirse en una herramienta para construir el siguiente paso.

La verdadera personalización ocurre durante el recorrido

Este quizás sea uno de los cambios más importantes.

Un curso personalizado no debería depender únicamente de un formulario inicial en el que el estudiante responde algunas preguntas sobre sí mismo.

La experiencia puede construirse a medida que avanza.

  • Si una persona domina una determinada competencia, puede avanzar.
  • Si presenta dificultades, puede recibir material de refuerzo.
  • Si necesita más práctica, puede encontrar ejercicios adicionales.
  • Si ya tiene experiencia, puede enfrentarse a situaciones más complejas.

Es decir:

el curso empieza a responder a lo que sucede durante el aprendizaje.

Los sistemas adaptativos estudiados recientemente utilizan precisamente perfiles del estudiante, contenidos modulares, evaluaciones y mecanismos de ajuste para construir rutas que puedan responder a las necesidades que van apareciendo durante el aprendizaje (2).

¿Y qué significa esto para las empresas?

La personalización tiene un enorme potencial en la capacitación corporativa.

Pensemos en un programa de inducción para nuevos colaboradores.

No todos llegan con el mismo conocimiento.

Una persona puede conocer perfectamente las herramientas digitales de la empresa, pero desconocer sus procesos internos.

Otra puede dominar los procesos, pero necesitar acompañamiento en una herramienta específica.

Una tercera puede tener experiencia en el sector y requerir solamente una actualización sobre las políticas de la organización.

Ofrecer exactamente el mismo recorrido a las tres personas no necesariamente es la mejor estrategia.

Una plataforma de aprendizaje puede permitir que cada colaborador tenga una ruta diferente sin perder los objetivos comunes de la capacitación.

Por ejemplo:

Diagnóstico → contenidos necesarios → práctica → evaluación → refuerzo → certificación.

De esta manera, la capacitación deja de ser simplemente una actividad que todos deben completar y comienza a convertirse en una experiencia relacionada con las necesidades reales de cada persona.

También cambia la forma de crear los contenidos

Si queremos personalizar la experiencia, el cambio no empieza necesariamente en la plataforma.

Empieza en la manera de construir el contenido.

En lugar de desarrollar un curso como un documento lineal de principio a fin, podemos diseñarlo como un conjunto de pequeños objetos de aprendizaje:

  • Una explicación.
  • Un video.
  • Un caso.
  • Una simulación.
  • Un ejercicio.
  • Una evaluación.
  • Un contenido de refuerzo.
  • Un reto avanzado.

Cada pieza tiene un propósito.

Después, estas piezas pueden combinarse para construir diferentes rutas.

Este enfoque coincide con propuestas recientes de e-learning adaptativo que plantean organizar los contenidos como objetos modulares, vinculando resultados de aprendizaje, materiales y evaluaciones para construir recorridos personalizados (2).

Esto también puede hacer que los contenidos sean más flexibles y reutilizables.

Un mismo recurso podría formar parte de una ruta para principiantes, servir como material de refuerzo para otro estudiante o aparecer como preparación antes de una actividad práctica.

Personalizar también significa respetar al estudiante

Hay otro aspecto que no podemos olvidar.

Personalizar no significa que una plataforma deba decidir absolutamente todo por nosotros.

La personalización también necesita autonomía.

El estudiante debería poder entender por qué está recibiendo determinado contenido, elegir algunas rutas cuando sea posible y tener claridad sobre qué necesita lograr.

UNESCO ha planteado precisamente preguntas importantes alrededor del aprendizaje personalizado: quién define qué significa “personalizado”, con qué propósito se personaliza y cómo se preservan la autonomía, la transparencia y la confianza del estudiante (3).

Porque existe un riesgo: que la personalización termine convirtiéndose simplemente en una serie de decisiones automáticas que el estudiante no comprende.

Una buena experiencia personalizada no debería sentirse como:

“La plataforma decidió por mí.”

Debería sentirse como:

“La plataforma entiende dónde estoy y me ayuda a saber hacia dónde puedo avanzar.”

El futuro del e-learning no es tener más contenido

Durante mucho tiempo, una plataforma educativa podía presumir de tener cientos o miles de recursos.

Pero tener más contenido no necesariamente significa aprender mejor.

El verdadero valor está en saber qué contenido ofrecer, cuándo ofrecerlo y para qué.

La evolución hacia modelos adaptativos está llevando precisamente a repensar el modelo tradicional de “un mismo curso para todos”, buscando experiencias que respondan mejor a las características, conocimientos y necesidades de los estudiantes (1)(2).

Y esto abre una oportunidad enorme para quienes diseñan educación virtual.

Ya no se trata solamente de preguntarnos:

“¿Qué vamos a enseñar?”

También debemos preguntarnos:

“¿Cómo necesita aprender esta persona?”

Y quizá una pregunta todavía más importante:

“¿Qué podemos cambiar en nuestra experiencia virtual para que el estudiante tenga mejores oportunidades de aprender?”

Porque el futuro del e-learning no necesariamente será aquel que tenga más cursos, más videos o más funcionalidades.

Será aquel que consiga algo mucho más difícil:

hacer que cada estudiante sienta que el camino que está recorriendo tiene sentido para él.

Fuentes

(1) Issa, S. A. & El-Sabagh, H. A. (2026). Design an adaptive e-learning environment based on personalized factors and its impact on the development of students’ metacognitive thinking skills. Frontiers in Education. El estudio analiza la personalización mediante estilos de aprendizaje y conocimiento previo y encuentra mayor relevancia del conocimiento previo que del “estilo” como factor de adaptación.

(2) Adam, I., Tengku Shariman, T. P. N. & Siran, Z. (2026). Human-centered adaptive e-learning: leveraging learner profiling and adaptive algorithms to enhance satisfaction in digital learning environments. Frontiers in Computer Science. Propone un enfoque de e-learning adaptativo basado en perfiles del estudiante, contenidos modulares y rutas que pueden ajustarse a las necesidades del aprendiz.

(3) Farthing, B. (2025). ¿A medida o prediseñado? El mito del aprendizaje personalizado. UNESCO. El artículo analiza la personalización desde la perspectiva de autonomía, transparencia, confianza y participación del estudiante, y advierte sobre el riesgo de convertir la personalización en una experiencia excesivamente controlada por sistemas automatizados.